OPINIÓN

La mediocridad de nuestro futbol

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Pachuca y Atlas jugarán la final del Clausura 2022 a partir de este jueves iniciando en la casa de los actuales campeones. El futbol a veces resulta benévolo y generoso con quienes mejor papel hicieron durante el calendario regular y, para muestra, este choque entre Tuzos y Zorros que terminaron como primero y tercero de la tabla general.

Pero el sistema de competencia en nuestra muy cacaraqueada Liga continúa empeñado en fomentar más la mediocridad que el espectáculo, aun cuando suelen surgir de forma esporádica algunos desafíos que llenan los requisitos de auténtica liguilla.

Aquí da lo mismo clasificar primero que doceavo. Al final de cuentas lo que importa es no sufrir la vergüenza de no seguir la eliminatoria a través de la pantalla chica. Es allí donde la mediocridad sobresale. Equipos que no hicieron ni la mitad de unidades que conquistó un líder, por ejemplo, se meten a la fiesta con la idea de dar el campanazo, como ha sucedido en algunas ocasiones.

En este torneo que finalizará con el duelo en mención, es sumamente penoso ver que cuatro de los que se metieron al repechaje no consiguieron ni el 50 por ciento de los puntos disputados (51). Mazatlán, que entró de panzazo como número 12, apenas sumó 21 unidades, 17 menos que el Pachuca.

Tampoco llegaron a ese 50 por ciento otros “colados”; Pumas (22), Atlético San Luis (23) y Necaxa (23). El Cruz Azul (25) habría sido el último clasificado si los flamantes directivos no hubieran inventado esta caricatura llamada repechaje.

Un equipo que perdió (8) casi la mitad de los juegos disputados, no puede tener ningún mérito para estar en una liguilla. Y Mazatlán fue ese. A ellos, como a otros, les importó un bledo la diferencia que le sacaban Pachuca y Tigres, por citar a los únicos que pasaron la barrera de las tres decenas de puntos.

El chiste es colarse como sea. Es precisamente allí donde se fomenta la mediocridad y se castiga a quien cumplió con el sistema anterior (de ocho clasificados), como el caso de Monterrey que fue séptimo general y lo eliminó el décimo.

Yo calificaría de regulares a solo tres escuadras (Pachuca, Tigres y Atlas), porque a pesar de algunos tropiezos fueron quienes supieron conservar una buena posición. El Puebla dominó la punta algunas jornadas, pero se derrumbó, al grado de ser superado por un América que dio lástima hasta la mitad del torneo, antes de que se diera ese cambio de mentalidad en sus jugadores con la salida del técnico Santiago Solari.

A la Liga le urge adoptar al menos el sistema anterior, que tampoco me agrada. Lo justo es que al menos los cuatro primeros lugares disputen el título, o regresar a los tiempos aquellos en que el monarca resultaba el que más puntos acumulaba, como en la mayoría de las ligas europeas.

Pero quitar el repechaje no suena lógico para los directivos que prefieren el billete por encima del espectáculo.

Y del descenso que fue eliminado hace rato y que aseguran regresará el año próximo, ya hablaremos en nuestro siguiente apunte, porque eso también ha resultado un negocio redondo para la Liga con las multas que pagan ya no solo el último lugar sino los últimos tres.